mayo 27, 2017

El polen y la cera. Alternativas de producción en apicultura



MVZ. MC. Angélica Genoveva Gris valle.

Introducción
El consumo de productos apícolas data desde los antiguos egipcios. Hipócrates (padre de la medicina), Aristóteles, Plinio, Dioscórides, Galeno, Vano, Avicena y otros eruditos de la antigüedad recomendaban su empleo para curar enfermedades.
La miel no es el único producto que las abejas proporcionan al hombre, también es posible obtener jalea real, propóleos, cera, polen, abejas reinas, núcleos de abejas, veneno, extracto de larva y larva para alimento, que ofrecen al apicultor un valor agregado y proporcionan otras alternativas de ingreso. Este artículo se enfocará únicamente en el polen y la cera que producen las abejas meliferas (Apis meliffera).
El polen es un producto elaborado que las abejas recogen en la época de floración y lo llevan a la colmena; en cambio, la cera es procesada por las propias abejas. Ambos poseen un valor económico potencial.
POLEN. Es el conjunto de gametos masculinos de las plantas (transportados por las abejas obreras a las colmenas en su tercer par de patas). Su importancia reside en que es la fuente principal de alimento para la abeja melifera, es un producto excedente del apiario y en su efecto polinizador en los cultivos.
Composición química. Es rico en proteínas, glúcidos, lípidos y fibra; contiene de 18 a 22 aminoácidos esenciales, minerales (especialmente cobre), vitaminas (B2, B3' Bs' C, D y E), enzimas y coenzimas, pigmentos (xantifila y carotina), esteroles y antibióticos. Su valor alimenticio es variable, de acuerdo con la fuente de donde proceda, por ello, parece necesaria la mezcla de diferentes ingredientes para brindar a las abejas una dieta equilibrada.
Producción.  Los principales estados productores son, en orden de importancia, Yucatán, Jalisco, Michoacán, Puebla, Colima y Morelos. Aunque el polen se comercializa desde hace más de 30 años, cabe destacar el marcado incremento de su demanda entre 1995 y 2002, a causa de su creciente incorporación en la elaboración de medicamentos para la denominada medicina alternativa, lo que aumentó su precio 129 por ciento en ese lapso.
Obtención. Para cosechar polen se utilizan trampas provistas de una rejilla cuya abertura obliga a que, durante su paso, las abejas desprendan como mínimo 10 por ciento del polen acarreado; de otra manera, si las trampas retuvieran todo el polen las abejas no tendrían con qué alimentar a su cría y pronto se debilitaría. Por debajo de la rejilla se encuentra un tamiz horizontal que permite el paso del polen a un contenedor.
Considerando que las trampas no deben de implicar daño o estrés para las abejas se fabricaban tradicionalmente de, madera, pero en la actualidad se prefiere el plástico de alto impacto por su duración, resistencia, facilidad de limpieza y desinfección. Existen varios tipos de mallas, las óptimas son aquellas que tienen agujeros circulares de 4.6 a 5 mm de diámetro y un espesor de 3 mm. Deben ser fáciles de desarmar y contar con una salida para zánganos.
Existen diferentes tipos de trampa: piquera o entrada, piso o inferior, y alza o superior; reciben sus nombres según la posición de la rejilla y el sitio donde se colocan.
Recolección. La frecuencia de este proceso depende de las condiciones ambientales y el tipo de trampa. En días lluviosos, es conveniente recolectar el polen diariamente en las trampas de piquera o en las de piso, y cada tres días, en las trampas superiores; en tiempo seco, en las primeras, cada dos o tres días, y, en las segundas, cada semana. La recolección se efectúa retirando el contenedor de la trampa y volcando el polen en un balde de plástico limpio y desinfectado previamente con cloro. Si el destino del polen es para el consumo humano, se debe secar (lo más pronto posible), limpiar, desinsectar y almacenar. Si es imposible secarlo rápidamente, para evitar su deterioro, es recomendable presecarlo.
Presecado. Para este proceso se utilizan los techos de las colmenas, donde se deposita el polen formando una capa de dos centímetros de altura y se cubre con plástico negro para protegerlo de los rayos solares directos, está cubierta debe tener mayor superficie que el conjunto de techo que se colocan debajo, y estar separada 15 cm de éstos. Se deben aprovechar las horas de mayor calor, para bajar la humedad original del polen (60-70 por ciento a 12-14 por ciento).
Secado. Existen dos métodos:
1. Secado solar directo. Es un método obsoleto –lamentablemente usado todavía, el polen se contamina fácilmente y se deteriora con rapidez, debido a que posee muchos componentes fotosensibles (en especial a la radiación).
2. Secado con aire caliente. Es el método más adecuado. Para lograrlo se utilizan estructuras o gabinetes donde se acondicionan bandejas (cuyo fondo es de malla fina), en las cuales se coloca una capa de polen. Las bandejas permiten la circulación del aire caliente, que no debe excede; los 40-45°C, con la finalidad de ir eliminando la humedad del polen. Antes de retirarlo del secador se somete al paso de aire frío, de 10 a 14 minutos, para evitar que las pelotas salgan calientes y absorban humedad del ambiente.
Limpieza. Es común que el polen obtenido de las trampas contenga materias extrañas. Los pequeños lotes pueden limpiarse a mano con un pincel. Las patas, alas y cabezas de insectos se quitan con plástico electrizado por frotamiento. En el caso de grandes volúmenes, lo mejor es utilizar una limpiadora comercial, que hace pasar el polen por una corriente de aire y eliminan partículas livianas, mientras los gránulos de polen caen en un recipiente limpio. Antes de que pase por la corriente de aire, debe cernirse varias veces para separar el polvo fino; los cuerpos extraños, como metales y piedras, se retiraran a mano.
Desinsectación. El polen seco y limpio debe de introducirse en un congelador durante 72 horas para destruir posibles huevecillos de insectos vivos, también pueden usarse gases inertes como el tetracloruro de carbón. Otra opción consiste en someterlo, ya seco, a una temperatura de -20° C, durante seis horas y, luego conservarlo a 5 grados C. El empleo de fungicidas o insecticidas son inadecuados como conservadores ya que implica que los residuos dañen el producto para el consumo humano. Nunca se debe fumigar con óxido de etileno por que destruye gran parte del contenido de aminoácidos.
Almacenamiento. El adecuado proceso de esta etapa ayuda a evitar el desarrollo de moho. El polen seco, limpio y desinfectado, puede mantenerse a temperatura ambiente durante un año, aunque pierde gradualmente sabor y valor nutritivo. Lo más recomendable es presérvalo a temperaturas de 4 a 8°C en recipientes herméticos, para evitar que pueda contaminarse con insectos nocivos. Lo ideal sería envasar el polen al vacío, en atmósferas inertes, y sustituir el oxigeno por nitrógeno CO2 para evitar se deteriore.
Cuando el polen se emplea para la alimentación de las abejas, se mezcla en partes iguales con harina de soya y se deposita en un ambiente fresco y seco, o bien, se combina con la mitad de su peso en azúcar y se mantiene a temperatura ambiente.
Consumo. Puede ser al natural, con azúcar a partes iguales, solo o mezclado con mantequilla; en licuados, cocteles de frutas con miel o cápsulas digeribles. Aunque las investigaciones todavía no demuestran la cantidad de polen que puede digerir el ser humano, se recomienda que un adulto consuma 20 g (una cucharada sopera), y un niño, 7 g (una cucharada cafetera) al día, 5 minutos antes del desayuno. Debe evitarse el consumo de polen que haya empezado a fermentarse, porque los fermentos pueden producir una sustancia que causa hemorragias. Algunas plantas producen polen que por naturaleza es tóxico para las abejas y, por ende, para los humanos.
Calidad. En México, no existe todavía una normativa del polen apícola. Si el apicultor desea vender al detalle, tramitará un permiso de etiqueta cuyo diseño tiene que cumplir con la Norma Oficial Mexicana sobre etiquetado de productos alimenticios envasados. Si desea exportarlo deberá cubrir con las especificaciones de cada país. Aunque la comercialización de polen no esté legislada, el cliente puede exigir que con una serie de características, desde las sensoriales (olor, sabor, color e incluso presentación), humedad, pH, granulometría, impurezas, cenizas, flavonoides y derivados del ácido cinámico, hasta aquellas que determinan la seguridad del alimento (contaminación microbiológica, esporas, ausencia de residuos, aflatoxinas, etcétera).
Producción de polen fresco. En los últimos años se ha incrementado la demanda de polen fresco. Éste debe ser sometido, inmediatamente después de su recolección, a -20°C durante 24 horas, y posteriormente, conservarse y transportarse a su lugar de destino a 4°C. El polen fresco se destina para la alimentación de bombus (abejorros) en Holanda, así como para la alimentación humana.
CERA
La cera, de origen natural, producto del metabolismo de las abejas obreras, segregada por cuatro pares de glándulas ubicadas en la parte ventral del abdomen. Se obtiene de la reducción de azúcares de origen alimenticio (miel). Gracias a la cera, las abejas han encontrado la solución más económica y resistente para conformar las paredes de las celdillas de los panales en las que ponen sus huevecillos, crían su progenie y almacenan su alimento. La cantidad promedio de miel que consumen las abejas para producir aproximadamente medio kilogramo de cera es de 3.80 kg. La cera pura de abeja, tal como se encuentra en las escamas segregadas por éstas, es blanca. Los matices de color amarillo  en los panales son causados por los pigmentos de caroteno solubles en las grasas que provienen principalmente del polen.
Los panales de cría quedan oscuros después de uso prolongado, debido a la acumulación de fragmentos de capullos de las mudas en las celdas.
Composición química. Contiene un promedio de 16 por ciento de hidrocarburos, 31 por ciento de alcoholes monohídrícos, tres por ciento de dioles, 31 por ciento de ácidos (principalmente cerótico), seis por ciento de otras sustancias.
Elaboración. Antes de la invención del extractor de miel, la cera de abeja se obtenía destruyendo el panal para sacar la miel. Los apicultores modernos extraen la cera de tres fuentes principales: 1) Los opérculos, provenientes del proceso de desoperculado durante la extracción de miel; 2) Los pedazos de panal que se raspan de la colmena con la cuña, y 3) Los panales viejos que ya no sirven. La diferencia entre la cera proveniente de la fusión de opérculos y panales nuevos, y la que procede de panales viejos, es muy notable; la primera no contiene propóleos ni gomorresinas, por ello, su color es más claro su aroma agradable y su punto de fusión más alto.
La cera que se obtiene a partir de los opérculos (color amarillo) es la mejor calidad, por lo cual su elaboración su elaboración es distinta y requiere de un aparato para derretir (brand). Se recomienda a los pequeños apicultores desopercular sus paneles sobre un cajón para escurrir, una prensa de cera o una centrífuga para extractar los residuos de miel. Muchas veces hasta 50 por ciento del peso de los opérculos húmedos corresponde a la miel; una vez extraída la mayor cantidad de ésta, los opérculos se derriten, se vacían en moldes y se dejan enfriar, para formar marquetas de cera, que luego se retiran. El proceso de separación de la cera de panales de cría viejos es más difícil; en México, se realiza mediante los métodos siguientes: 1. Colado simple. Se hierven los panales en un tanque y el sedimento se cuela por una malla de alambre de 3mm.
Extracción solar. Con este método solamente se retira 20-50 por ciento de la cera, aunque su uso implica un bajo costo. El aparato se compone de un cajón de madera cubierto por vidrio, con los costados pintados de negro y el fondo de aluminio o acero galvanizado que se inclina en dirección a los rayos solares. La cera de los panales derretidos corre hacia abajo dirigiéndose a una cisterna de desagüe, donde se endurece y forma una marqueta. Los apicultores que no tienen los medios para extraer cera del panal, los derriten en agua caliente (para eliminar todo peligro de contaminación por polilla y reducir el volumen) y luego vuelcan el material en recipientes para su envió a centros comerciales de extracción de cera. Mediante la fundición de opérculos se puede obtener 2.5 por ciento del peso de la miel extraída en cera, si a esto se añade la que se produce por medio de la fundición de los panales deformes o rotos y los que tienen demasiadas celdas de zángano, pueden reunirse de 2.5 a 3 kg de cera por cada 100 kg de miel extraída.
Blanqueo. Este proceso cambia gran parte del aroma original de la cera, por esta razón, generalmente no se realiza en la cera para velas. El blanqueo puede lograrse: 1) Por radiación solar; 2) Mediante productos químicos; o 3) Combinando varios métodos.
Almacenamiento. No es necesario tomar precauciones especiales para almacenar la cera de abeja, es suficiente con mantenerla alejada pesticidas y calor excesivo. Por ejemplo, en las tumbas egipcias se han encontrado pedazos de cera bien conservados, así como otros que fueron arrastrados a la costa después de naufragios y que habían quedado enterrados en la arena de las playas durante muchos años. La cera se vuelve más dura y quebradiza con el paso del tiempo, especialmente a temperaturas bajas; sin embargo, cuando es prensada en láminas para la elaboración de cera estampada, recobra su estructura flexible.
Conclusiones.

Los apicultores de la actualidad requieren tecnología avanzada para lograr la competitividad en la comercialización de sus productos. Es necesario realizar un adecuado manejo de las colonias de abejas y plantear esta actividad como un negocio que genere recursos económicos suficientes para mejorar la productividad y rentabilidad; la apicultura, como pasatiempo, ha pasado a la historia en México, debido a la llegada y dispersión de la abeja africana y a la detección del ácaro Varroa destructor. Tanto la cera como el polen representan grandes posibilidades comerciales para el país; por ello, se debe informar a los apicultores cómo producirlos de forma alternativa, demostrarles que existen otros productos distintos a la miel y orientarlos acerca de los beneficios económicos de la actividad apícola. En algún momento, lo que hoy resulta una disciplina distinta dentro de la medicina alternativa, será parte del arsenal del conocimiento y tratamientos de rutina para los profesionales de la salud y la belleza.

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