agosto 25, 2017

La consciencia animal. Una percepción humana

Eduardo Tello


Introducción
Los animales han existido en este mundo desde que la vida dejó el mundo microscópico para acomodarse en estructuras más complejas de vida. Al inicio la naturaleza se encargaba de equilibrar las poblaciones de especies que existieron a lo largo de millones de años de evolución, adaptación, extinción y sobrevivencia, manteniéndose un balance en la cadena alimenticia de la manera más pura y feroz posible. Desde entonces, el instinto animal ha sido el regidor de la conducta de los seres animados y macroscópicos, una especie de visión tendiendo al salvajismo inherente a los seres primitivos, pero que se ha quedado en el pensamiento colectivo.
Hoy en día las cosas siguen un curso similar, con especies adaptándose y perdiéndose en la extinción, pero hay un factor que no ha estado presente nunca antes en la historia de la Tierra: El ser humano.
Conocer los riesgos y consecuencias de nuestros actos es de vital importancia si queremos legar un mundo, ya ni digamos mejor, sino simplemente bueno a las futuras generaciones. Las grandes propuestas que se llevan a cabo día a día entre diversas organizaciones mitigan poco un avance de la destrucción al ecosistema y eso se debe a inacción de mucha gente que tiene entre sus manos las herramientas para corregirlo.
¿De dónde viene esta apatía si es que todos los seres compartimos este mundo? Viene del poco respeto a la vida ajena, a la propia y a un sentimiento de superioridad difundido a través de miles de años de evolución social.
Con esta pequeña investigación quiero entrar al problema y responder en cierta forma a algunas dudas sobre el trato y la relación entre los seres humanos y el resto de los animales de este mundo, pues es hoy en pleno 2017, cuando muchas luchas por los derechos de las minorías se están tomando, pero pese a la desigualdad entre la gente, siempre habrá un colectivo por el que muy poco verán de manera crítica y mucho menos harán para su bienestar: los animales.

El origen del ser humano
El origen de los seres humanos ha sido incierto desde un inicio. En el siglo XXI, se divide según las materias que se estudien; los biólogos toman en cuenta el origen de la especie con una serie de cambios fisiológicos y genéticos en la postura de nuestros ancestros, la forma de sus dientes y la disposición de sus cerebros; los antropólogos lo ligan al uso de herramientas, desde las más rudimentarias; y los sociólogos ven más los primeros grupos organizados que se formaron. Es difícil determinar el origen exacto pues no hay una marca precisa de cuando un Homo habilis pasó a ser un Homo neandertalis, o incluso cuál es la diferencia entre el Homo sapiens y el Homo sapiens sapiens, sin embargo, hay algo ineludible en todo esto: Nuestro origen animal.
El árbol filogenético engloba todos los reinos a los que puede pertenecer un ser vivo englobados en tres macro reinos: arquea, procariota y eucariota, en este último nos encontramos nosotros, y concretamente en el reino animal.
Los animales somos parte de este mundo y representamos un papel importante para el equilibrio del mismo, para ayudar en esa tarea, todos tenemos diferentes características que nos hacen únicos: algunos pueden volar, otros viven en el agua, los hay muy veloces y otros que incluso son capaces de sobrevivir en los ambientes menos esperados donde, se supone, la vida no debería tener cabida. Los humanos no somos la excepción, pero nuestras diferencias físicas nos perjudican en lugar de beneficiarnos; sin garras, ni grandes colmillos, o una fuerza sobresaliente contra nuestros depredadores, y es ahí donde se desarrolla nuestra mejor herramienta, la mente.

Relación con los animales

Los animales se tienen que adaptar a su medio para sobrevivir desarrollando habilidades para poder mantenerse vivos del clima, la competencia, la depredación y otros factores naturales que pueden ser letales. El ser humano es el único animal que no se adapta a su medio, sino que, al contrario, adapta el medio a él. Como ya mencionamos, el uso de herramientas y la mente sobre lo físico hacen de él el animal que es. Desde luego, no es omnipotente o invulnerable, no es infinito, requiere controlar la fuente de sus recursos.
En un principio esto era mediante la cacería al más puro estilo de una manada, donde los miembros fuertes sobrevivían mientras que los viejos o enfermos quedaban atrás en esta vida nómada. La interacción con el medio aquí era limitada al comer o ser comido, vivir o morir, y no fue hasta volverse sedentarios con la agricultura que comenzaron a darse cuenta en verdad de lo que los rodeaba, de las posibilidades.
Es entonces cuando hace aproximadamente 19,000 cuando los perros comenzaron a domesticarse comenzando así, una relación más allá del depredador-presa para los humanos y el resto de los animales. Pronto llegó la ganadería y es aquí donde se completa el sustento para una nueva forma de vida, una vida en donde las personas viven juntas sin dejar morir a viejos y enfermos, donde los primeros son escuchados y vuelven guías en lugar de morir abandonados y los segundos tienen esperanza de recuperarse.
La simbiosis que se crea aquí entre diferentes especies da lugar a una nueva forma de pensar en la que una familia, una tribu, un grupo, ya no solo son conformados por un solo tipo de individuos, sino que se integra a aquellos que contribuyen con la ayuda a la cacería, los que producen alimento y los que se sacrifican para de igual manera contribuir a la nutrición.
Poco a poco la visión de la vida de estos ancestros fue modificándose y evolucionando.

El pensamiento trascendental
Al tener una fuente de suministros fija y más o menos abundante, las civilizaciones más desarrolladas pudieron darse a la tarea de trabajar nuevos oficios. Al haber un excedente en el almacenamiento no era necesario que todos participasen en las mismas actividades cultivando en los rebaños y se comenzó a dar tiempo para el surgimiento del arte a través de las artesanías y el refinamiento de las herramientas, pero ¿cómo hacer esto? ¿De dónde se sacaban las ideas para elaborar aparatos más sofisticados? Pues de las habilidades aumentadas de los animales. Hasta el día de hoy diferentes piezas tecnológicas son inspiradas en características de otras especies, y fue en este tiempo de desarrollo donde la inspiración tomó forma no solo en la tecnología, sino que en las técnicas. Con esto quiero referirme al surgimiento de disciplinas diversas y muy antiguas entre las que destaco las artes marciales.
En Asia temprana las técnicas de combate basadas en movimientos de aves, reptiles, mamíferos y peces crearon las artes marciales más mortíferas y prácticas del mundo, siendo el Kung-Fu una de las más antiguas. Mediante el conocimiento de la fuerza física, tanto propia como del enemigo, se englobó en series de golpes representativos, los guerreros asiáticos tenían una ventaja táctica que los hacía destacar sobre sus vecinos, pero no fueron los únicos que fundaron grandes imperios abase de la inspiración en lo natural.
Si Occidente le debe lo que es ahora a una civilización, ese debe ser la romana, y si uno de los imperios más grandes de la historia le debe su éxito a algo, fue a su increíble maquinaria de guerra inspirada en las colmenas de abejas donde cada integrante lucha como una unidad dispuesta a defenderse y sacrificarse moviéndose fluida y potentemente. Desde luego que no se puede ignorar el papel proactivo de los animales en la guerra, porque al hablar de un ejército como el romano, sería un descaro no mencionar a su fuerza clave: la caballería.
La fuerza superior de diversas especies animales ha sido determinante a la hora de ganar batallas, como los elefantes de guerra, los perros de presa, o extrañas tácticas como arrojar serpientes a un barco como la diseñada por Aníbal Barca. El terror por los animales era un detalle determinante.
Pero el miedo y la inspiración no fueron exclusivos de lo bélico.
Como ya dije, posteriormente el arte se refinó y pasó a ser también un medio para contar historias, historias que adquirirían importancia de mano del pensamiento mágico y posteriormente del mitológico en el que criaturas basadas en cualidades específicas de los animales y tomadas como metáforas aplicadas al humano pasarían a convertirse en un sistema religioso. Algunas de sus lecciones fundamentales tienen que ver con la acción de fuerzas místicas con formas naturales, los mitos griegos son un gran ejemplo, donde héroes y criaturas interactuaban en favor o en contra de los dioses.
Es importante darle una revisada al politeísmo, ya que con él aparecen varias de las representaciones más imperecederas del lenguaje simbólico: El toro, el dragón, el lobo y el león, como símbolos de poder; las vacas, los elefantes y los pelícanos, como representaciones de la maternidad; Los cuervos, buitres y moscas como señales de un mal augurio.
En Egipto tenemos los ejemplos de dioses como animales antropomorfos, al igual que algunas deidades fenicias, sumerias, aztecas y mayas, estas representaciones muchas veces pasaban a volverse cultos de adoración hacia los animales representados y por lo tanto se volvían sagrados a un punto que representaba un pecado matar o si quiera dañar a dichos seres. Se creía en el poder divino de estos.
Culturas como la tibetana o las tribus norteamericanas directamente veían como sus iguales a todos los seres del mundo -incluso a objetos como montañas, ríos y la tierra en sí-, hacerles algún daño sin un motivo de peso como la defensa o la supervivencia representaba un desequilibrio kármico que los alejaba de un estado de comunión armónica y los transformaba en depositarios de energías negativas. Fueran unas razones u otras, el respeto hacia la vida era algo tangible en estas ideologías, pero entonces algo cambió.

La importancia del monoteísmo

El empoderamiento del monoteísmo afectó de gran manera a la imagen del humano para sí mismo y para su relación con los demás. No es que antes todos estuvieran en perfecta comunión, desde luego que no, pero a partir de que el judaísmo se arraiga y luego el cristianismo toma poder gracias al debilitado Imperio Romano de Oriente, la cosmovisión de un solo Dios y una sola fuerza creadora que nos tiene como pináculo de la creación se expande entre la gente común, los pobres y trabajadores para luego llegar a las posiciones de poder.
El judaísmo, el cristianismo, el islam y sus derivados, como zoroastrismo, el catolicismo, etcétera, son en mayor o menor medida parte de lo mismo, un mensaje de humildad y hermandad, eso es lo que dicen sus textos antiguos, pero a su vez, tratan a los demás seres con el desprecio que justifica una supuesta superioridad divina sobre todo el mundo terrenal. Si bien las religiones antes mencionadas tratan de llevar un mensaje de paz al mundo lo hacen casi siempre despreciando a lo que no sea igual, y sobre todo a lo que no sea de la misma especie.

El desarrollo científico y la nueva cosmovisión
Tras milenios donde las religiones dominaban el pensamiento colectivo, la primera mitad del siglo XII trajo consigo un fenómeno conocido como la Ilustración, que buscaba de alguna forma acabar con los dogmas impuestos y volver culta a la población, propiciar el uso de la razón y mejorar las condiciones políticas del mundo civilizado. Posteriormente llegó la era de las máquinas, la Revolución Industrial, que cambió las formas de ver el mundo de la mayoría de las personas convirtiendo trabajos laboriosos en simples procesos mecánicos, sustituyendo bueyes por máquinas o a granjeros por extractores y contadores.
La cultura agropecuaria fue tomando un segundo lugar en pro de urbes que crecían cada vez más y más a un ritmo avasallador. La religión también perdió fuerza en su discurso y la filosofía se convirtió en objeto de estudio, los pensadores griegos como Aristóteles, Sócrates, Sófocles y demás, pasan a ser de un dominio más público en lugar de un mero estudio eclesiástico. La Revolución Industrial se ve apabullada con revueltas y manifestaciones de trabajadores exigiendo derechos y mejores condiciones laborales y de vida.
Durante todo este proceso, el respeto hacia la naturaleza queda relegado a un simple lujo que los gobiernos no se pueden dignar a dar. Los animales domésticos no son más que máquinas de sangre, materias primas de productos alimenticios pasados por un proceso de elaboración masificado e irrespetuoso que sigue hasta nuestros días pero que se justifica diciendo que es por el bien común, aunque la mayoría de gente no tienen acceso a esos beneficios y viven peor que antes en una miseria de hollín y agua estancada.
La maravilla del progreso científico, con sus promesas de una mejor vida se retuercen del todo cuando esos mismos avances tecnológicos sirven al solo propósito de perpetuar las guerras más horridas y terribles de la historia. Un primer conflicto en el que la gente vivía en trincheras donde morían y dormían apilados entre plomo y barro, donde surgieron los primeros modelos de tanques y aviones y armas químicas que solo derivó en un conflicto mucho peor donde los primeros sistemas de inteligencia IBM funcionaron para censar a las víctimas de un régimen despótico y fascista cuya guerra terminó con un destello y los gritos cayados de millones de personas a las cuáles la muerte les llegó sin esperarlo, y cuando se pensaba que todo había terminado, una guerra que nunca estalló amenazó con acabar con la vida sobre la Tierra como la conocemos en una crisis con las armas más monstruosas que se han creado jamás. El artífice de esto, Robert Oppenheimer declaró: “Me he convertido en muerte, el destructor de mundos”.
Y en esto, una similitud podemos encontrar. Si bien la relación entre animales y humanos nunca volvió a ser como antes, durante este periodo ambos fueron utilizados como monedas de cambio y explotados hasta el hartazgo por aquellos que más se beneficiaron de las guerras pero que rara vez las vieron.

El mundo postmoderno

¿Dónde nos encontramos ahora?
Tras ver la peor faceta que la humanidad ha visto de sí misma hoy entramos a una nueva etapa. El Capitalismo nos vende y compra y en el proceso nos hacen parte de la mecánica. La mano del patriarcado como estructura de estructuras políticas nos relega a un juego de roles de género donde nadie está conforme, pero nadie quiere apelar contra el status quo. Las nuevas religiones ya no se mueven por lo curas, sino por los banqueros que influyen un sistema político basado en prestanombres y contadores, y mientras, las luchas se quieren llevar a cabo desde la tecnología que perpetúa esos mismos engranajes de la estructura.
La cultura ahora es un accesorio. La gente de ahora no quiere pensar en ideologías y rechazan la idea de progreso. El ateísmo que tanta fuerza tomó antes está diluido junto a una falsa espiritualidad apoyada por la reinterpretación de las filosofías orientales y adaptadas a un modelo semiótico cómodo y bolsillo, intercambiable y auto-referencial, y mientras tanto, el respeto a la vida se ha tergiversado.
Es común hoy ver a las parejas con perros y gatos en lugar de hijos, ver animales de compañía transformados en muñecos a los cuáles se les arrebata su naturaleza y se les enferma psicológicamente pensando que es la forma en que se debe cuidar un animal.
Hoy la bioética nos habla del bienestar animal, pero nos lo presenta como utopía o casi una distopía donde la producción y el bienestar no pueden ir de la mano, y donde el trato cercano y humano a los animales está vedado en una nube de “profesionalismo” que, aunque se queja del dolor, no ve más allá de su conflicto y para solucionarlo causa diez más. La bioética se nos queda más como una labor clínica que como un deber universal.

Conclusiones
El panorama que presento, si bien se ve fatalista no es del todo oscuro. Con esto no niego nada de lo que he dicho, pero a diferencia de otros yo quiero aportar algo más que palabras. Si bien es difícil ver una solución para todos, el acercamiento a diversos programas ampliará la visión en diversos campos. Una lectura que debería ser obligatoria para los veterinarios es sobre el concepto de una salud, una medida que busca apoyar el mejoramiento de la producción mediante las buenas prácticas pecuarias teniendo como consecuencia el bienestar animal, con un enfoque holístico, pero sin caer en el maniqueísmo o la idea de la auto ayuda.
Por otra parte, debo decir que el aumento de conocimiento en muchas otras disciplinas es primordial para el desarrollo profesional: filosofía, historia, política, literatura, arte, física, matemáticas. Todo contribuye a incrementar el bagaje intelectual y cultural y proveer de nuevas visiones, pues es justo de lo que se necesita, visiones frescas pero que sean pro-activas en la práctica veterinaria. Es momento de dejar la apatía a las áreas que no nos correspondan y saber, comprender que todo nos involucra, que ese respeto a la vida solo se pierde cuando dejamos de actuar, porque es con nosotros con quien empieza.

ILUSTRACIONES DE Hagenbeck Carlos (1910) Animales y hombres.  Editores Hamburgo-Stellingen, Alemania. 

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