diciembre 02, 2017

Un encuentro inesperado entre el campo y la ciudad


Juan Manuel Cervantes Sánchez
Departamento de Nutrición Animal y Bioquímica.
Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia.
Universidad Nacional Autónoma de México.
Avenida Universidad Nº 3,000, Delegación Coyoacán,
C. P. 04510. México, D. F. (MÉXICO)
Contacto: jmcs19@yahoo.com

Iba caminando por la calle de tierra cuando salieron unos perros, me trataron de amedrentarme, yo me puse a la defensiva y haciendo un gran ruido los intimide. Ellos huyeron despavoridos. Después de esto anduve curioseando por el lugar, pero el calor me venció, así que me fui a mi casa  y descanse por la tarde.
En la mañana del siguiente día me despertaron los trinos de una calandria, así como el olor del maíz puesto al comal además del té de hojas de limón, me dio hambre y después de un rato almorcé. El calor del ambiente me arrullo, así que dormí hasta el mediodía, estaba soñando con los 101 dálmatas cuando de pronto escuche una vocecilla que entraba por la puerta que interrumpió mi siesta. –Levántate amigo, ya dormiste suficiente es hora de trabajar.
-Hola amiga que sucede.
Ella era blanca, de ojos castaños, tenía unos dientes muy blancos, perfectos, de figura espectacular.
-Ah, pues aquí todos tenemos que trabajar en algo, unos ayudan, otros cuidan, otros más llevan cosas, algunos acompañan, etc. Yo por ejemplo cuido  ¿Y tú, qué haces?
-Yo voy a la escuela ¿tú no vas?
-No, aquí no hay escuela
-A propósito mi nombre es Clara ¿y tú cómo te llamas?
-Soy Matías.
-¿Tú no eres de por aquí verdad?
-No, vengo de la ciudad y es la primera vez que visito este lugar, es muy bonito ¿Cómo se llama aquí?
-Se llama el Agua Blanca, ¿y tú de dónde vienes?
-De la Ciudad de México.
-¿Y cómo es allá?
-Es un lugar muy grande. Ha veces hace mucho calor, otras frío, cuando llueve hay inundaciones. Hay mucho ruido de coches, motos y camiones y la gente pone el radio a todo volumen. El aire huele raro, las nubes no se ven tan claras como aquí, y sobretodo hay mucha gente que siempre anda de prisa. El tiempo se va muy rápido. En cambio aquí es muy tranquilo, calientito todo el tiempo, se puede escuchar los sonidos que producen los animales, así como el ruido del agua que corre por el río. Todo está verde, las plantas emanan unos perfumados aromas, el sol luce esplendoroso y cuando llueve la tierra libera un rico olor como a barro, no tienen aparatos eléctricos complicados ni televisiones grandes. Se ve que el ambiente es muy tranquilo y la gente no se mete contigo, todos se conocen, se saludan y respetan, y sobre todo se ayudan con el tequio. Allá donde yo vivo, cada quién se rasca con sus propias uñas.
Los dos amigos siguieron platicando por un largo rato hasta que una voz a lo lejos gritó ¡Matías, Matías, ven a comer!
-Creo que te hablan amigo.
-Si tienes razón, nos vemos, moviendo la cola y ladrando fuerte me fui corriendo buscando mis croquetas…

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